domingo, 2 de noviembre de 2014

Recogida de evidencias

Si queremos llevar a cabo un portfolio como instrumento de aprendizaje y evaluación, hemos de replantearnos los instrumentos o evidencias  de evaluación que se suelen emplear. Las pruebas escritas suelen tener una importancia clave en la nota trimestral o final y en la mayoría de las ocasiones suelen ser unas pruebas carentes de aspectos competenciales. La presentación del cuaderno es otra de los clásicos referentes de la evaluación y queda evidente que la mayoría de las actividades allí realizadas siguen las directrices del libro; es decir, con respuestas escritas parcas que en nada ayudan al desarrollo lingüístico del alumno. La buena conducta del alumnado, se le supone.
La llegada de las competencias clave favorecen la elaboración de productos de todo tipo que después se van a plasmar en el portafolio. Hay que entender que los contenidos están al servicio de la tarea, a la elaboración de productos de diversa índole: cartas, narraciones, informes, biografía, diarios, críticas, resúmenes, esquemas, mapas conceptuales, dípticos, entrevistas, ponencias, obras de teatro, presentaciones, blog, murales, vídeos, audiciones, dibujos, collage... Importante el producto final y el proceso, durante el cual se aprenden infinidad de aplicaciones y estrategias. Su recopilación supone la constatación de un buen aprendizaje en la mayoría de los casos. Por tanto, hay que erradicar el contenido por el contenido, que tiene vida efímera en nuestra memoria y tender al aprendizaje significativo.

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